Guía de la buena esposa




Me encontré por allí un artículo de la revista Buenhogar de mayo de 1945,  el artículo daba una serie de recomendaciones para ser una buena esposa, lo leí y pasé de la incredulidad a la lástima. Tenía recomendaciones acerca de tener la cena preparada para cuando el marido llegue a la casa, mantener el hogar en perfecto orden, estar bella y fresca para atenderlo a su llegada y hacerle sentir cómodo: “…déjalo hablar a él primero, recuerda que sus temas de conversación son más importantes que los tuyos. No le hagas preguntas acerca de sus acciones ni cuestiones su juicio o integridad. Recuerda que él es el dueño de la casa y esto implica que debes tener devoción y decoro. No tienes derecho a discutirle…”

En estos días me llamó una señora pidiendo asesoría porque su marido la golpea y ella quiere que él sane, como si ser “golpeador” fuera una especie de enfermedad que el pobre hombre tiene y de la cual no es responsable. Hemos avanzado bastante en temas de justicia sexual, pero todavía nos falta un montón. Las creencias son aprendizajes sociales, socialmente se nos enseñan una serie de conceptos correctos y equivocados acerca de lo que debemos ser, de cómo debemos comportarnos, de cómo somos, de lo que valemos como seres humanos. Se nos enseña que existen una serie de diferencias entre hombres y mujeres, pero no las verdaderas diferencias, sino diferencias basadas en conceptos machistas y arcaicos.

La utilidad de estas creencias fue la de mantener a la mujer en un estado de sumisión y dependencia, reducida a esclava doméstica y sexual, un convencimiento de inferioridad desde la cuna a la tumba, una serie de conceptos según los cuales la mujer debe ser: cariñosa, inocente, compasiva, sumisa, ingenua, gentil, maternal, débil, fiel, tímida, tierna, comprensiva, atenta, devota, cuidadosa, recatada, etc. Lo femenino se relaciona con una serie de atributos que cuando se analizan cuidadosamente, entendemos la razón del porqué hay pocas mujeres independientes y exitosas. Las creencias son la base de los sentimientos de inferioridad y de la sumisión a abusos en los que caen muchas mujeres todavía hoy en el siglo XXI.

Sabiamente la naturaleza nos ha hecho distintos a hombres y mujeres, pero ninguno es inferior al otro. Ser mujer no es factor de desprecio ni de encumbramiento, todos somos personas con el mismo valor y existimos en la misma cantidad, la proporción de hombres y mujeres es del 50% cada uno, es decir que hay una mujer por cada hombre, es lógico que así sea, pero la creencia machista de la superioridad masculina introduce dentro de sus creencias la de la escases masculina (7 mujeres por cada hombre), me parece insólito que una mujer inteligente, estudiada con acceso a internet crea semejante patraña: “hay que cuidar al marido porque los hombres están escasos” que les puedo decir… ganas de seguir sufriendo.

Otra señora me preguntó que como hacía con su marido, ya que él tenía una amiga con la cual conversaba y compartía. La amistad no tiene género, ni sexo, ni raza ni edad ni condición social, la amistad es amor en acción, inteligencia que fluye, compartir que enaltece. Y yo pregunto: ¿quiere decir que si me caso tengo que cortar la mitad de mis vínculos sociales?, ¿tengo que terminar la relación con mis entrañables, queridos y nobles amigos varones para que mi pareja se sienta tranquila? La amistad es libre derecho del intelecto, del alma y del corazón. Qué triste sería una vida sin amigos.

Les dejo estos cuentos para que reflexionen, hay que abrir la mente y salir de arcaicas creencias, falsas e inútiles con respecto al sexo que a cada uno le toca en esta vida. Si es hombre siéntase feliz de serlo, si es mujer siéntase orgullosa de serlo, pero no se olvide que primero que nada usted es un ser humano y tener diferencias de sexo no le hace acreedor del derecho de someter, maltratar ni humillar a nadie. Por otra parte, la mujer que se somete lo hace porque no sabe relacionarse con una pareja de un modo sano, no logra entender que lo valioso es compartir, crecer, amar.

La única guía para ser una buena esposa es: valórese, respétese y ámese usted misma y después de amor, respeto y aprecio a su marido. Una mujer sumisa es temerosa, no ama realmente y nunca lo hará, porque solo un alma libre es capaz de experimentar las profundidades y extensiones infinitas a las que se puede llegar en el amor.